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El viento reparte, sin equivocarse nunca, las cartas que se escriben los animales. ¡Cuántos mensajes tiene que entregar! ¡Y qué raros son, a veces! El elefante invita al caracol a bailar. El topo, siempre tan solidario bajo tierra, se envía cartas a sí mismo. La ardilla envía a la hormiga una curiosa nota que lleva un chaquetón y un gorro. La carta azul de la luciernaga hace latin el corazón de la mariposa nocturna.
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