La nueva ola fue una mascarada risueña que abonó el terreno para que floreciera a continuación otro momento subcultural de mayor fuste mediático: La Movida. En pleno 1980 la escena pop española trataba de surfear la buena ola, la última ola, la new wave que llegaba de Londres y Nueva York como la cara aceptable ?comercial? tras la revolución punk. Entonces siempre fue ahora y la frivolidad un arte para iniciados? pero solo por unos días. La conexión llegaba en Frecuencia Modulada con los locutores de Onda 2 que pinchaban singles y maquetas. La vida social se desarrollaba en antros de fortuna: El Sol, Pentagrama o Carolina y los escenarios se poblaron de meteoros con nombres raros: Alaska y los Pegamoides, Radio Futura o Ejecutivos Agresivos. Y todo sucedió en Madrid porque otras ciudades todavía sesteaban bajo los efluvios de Pink Floyd mientras en el foro las huestes del Rollo ya habían comenzado a teñirse de verde puñeta el pelo de la dehesa. Pasen y lean?
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