En palabras de Eduardo Lago, esta novela póstuma «se construye como una constelación de textos de toda índole. Cartas, diarios, fotos, documentos notariales, expedientes celosamente guardados en archivos secretos. El mundo entre los anaqueles de una biblioteca familiar. En Las aguas de la noche, además de las historias personales de los personajes, hay constantes alusiones al ámbito de la literatura, el cine, el arte, la música, la arquitectura, la ingeniería, la minería. El relato avanza inexorablemente, como un río que se va ramificando de manera incesante, hasta llegar al delta en el que se deshace, sumergiéndose en el mar de todas las historias posibles, el lugar nutricio del que emergen. Es esta imagen, la del delta fluvial, la que mejor refleja el misterio liminar del proyecto inacabado de Guirao. Es este el sentido en que el relato nos ofrece el mejor de los regalos, el de poder asomarnos a los pliegues más recónditos de la sensibilidad de su creador. No leemos este libro tanto para saber qué pasa en él, aunque nos dejemos llevar siempre con agrado por los múltiples vericuetos por los que transita la historia, como para ver lo que hay al otro lado de la página, más allá de lo que dibujan las palabras, y lo que hay es la textura del alma de quien dio forma a este relato arborescente, mostrándonos lo que la muerte nos impidió ver en su forma final».«Ahora que todos habían muerto, ahora que nada de lo que sucedió podía ser cambiado, quizás había llegado el momento de juntar las piezas, los fragmentos que se empeñaron en dejar dispersos aquí y allá para que él los encontrara, como si hubieran querido trasladar a otro la penosa tarea de rehacer unas vidas que ellos fueron incapaces de entender en su integridad. Como si hubieran querido que alguien ordenara lo que ellos no supieron o no quisieron ordenar».«Al poner esta novela en las librerías, entendemos que no es una obra convencional. No es tanto la novela como tal lo que nos importa. Es el texto en sí como síntoma y muestra del aliento poético que animaba cuanto Pepe hacía, como muestra de su pasión por dar expresión honda y verdadera a lo que, citando sus propias palabras, dio en llamar ?el enigma que intuimos y no somos capaces de desvelar?. El legado de José Guirao como gestor cultural y como político está en muchos proyectos culturales marcados por la voluntad de hacer algo relevante y significativo, huyendo siempre de la banalidad. Lo que aquí se ofrece es también eso, pero a la vez algo distinto. Quienes impulsamos esta publicación lo hacemos porque nos sentimos en sintonía con su manera de trabajar y ver las cosas, y porque pensamos que esta novela nos revela algo profundo y verdadero del alma y la personalidad de su autor». Carlos Alberdi
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