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La Fenomenolog¡ade la verdad: Husserl
La Fenomenolog¡ade la verdad: Husserl

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En 1807 publicó Hegel la Fenomenología del espíritu, que consagró el término de Fenomenología, tomado después por Husserl. Por Fenomenología entendía Hegel la ciencia de la conciencia en tanto que la conciencia es en general el saber de un objeto, exterior o interior. Para Husserl la Fenomenología se presenta como autorreflexión de la humanidad al servicio de una praxis racional universal, de un impulso cada vez más libre que se encamina hacia la idea de una humanidad que quiere existir y vivir en la verdad y la autenticidad. Ahora bien, esta praxis no puede ser una actividad arbitrariamente subjetiva, sino que ha de hacer que lo fáctico sea verdaderamente histórico, es decir, que penetre en las estructuras significativas latentes, en el telos escondido. La Fenomenología se ha debatido luchando contra el subjetivismo psicologizante y el pragmatismo irracionalista de finales y comienzos de siglo. Y ha llevado a cabo tal combate mediante una esforzada meditación sobre el conocimiento. Pretende ser conocimiento de conocimientos, e incluso sueña con una mathesis universalis cartesiana, pero no al modo prekantiano, puesto que excluye toda sistematización metafísica, sino que es verdaderamente una filosofía del siglo XX que pretende una meditación radical sobre la ciencia para que asumamos el control racional de nuestro destino, estableciendo a un nuevo nivel las condiciones del hecho científico. Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina (Salamanca 1930), catedrático de filosofía de enseñanza media desde 1951, pasó más tarde a desempeñar la cátedra de filosofía de la Universidad de Valladolid. PrólogoLa verdad de la FenomenologíaGustavo Bueno La Fenomenología ha sido proyectada por Husserl como una ciencia verdadera, como la única ciencia verdadera, como la única ciencia rigurosa, sin prejuicios, y el peor de todos (subraya Ortiz de Urbina) «es la suposición de un mundo absoluto, existente en sí, sustrato de verdades en sí, absolutamente evidentes». Por ello mismo habrá que decir, por nuestra parte, que la verdad (la cientificidad) de la Fenomenología & 8211;de la filosofía como «ciencia rigurosa»& 8211; no deberá ser confundida con la verdad (o cientificidad) de las ciencias positivas, y el mismo Husserl parece estar prevenido contra todo intento de reducción de la cientificidad de la Fenomenología a la condición de una ciencia positiva categorial entre otras, a la condición de una ciencia en el sentido del naturalismo o del positivismo. La verdad de la Fenomenología no puede, pues, reclamar el mismo sentido que la verdad de las ciencias categoriales, aunque aquélla haya de pasar por éstas. La verdad filosófica, aunque sea entendida como verdad científica, no puede significar lo mismo que la verdad científico-categorial. Y es, en principio, indiferente que o bien la verdad filosófica sea considerada como la genuina forma de la verdad rigurosa & 8211;opuesta a las verdades «menos rigurosas» ofrecidas por las ciencias particulares& 8211; o bien que la verdad de la filosofía fenomenológica sea considerada como menos rigurosa que la verdad ofrecida por la Física, las Matemáticas o la Biología. Lo que importa es mantener la diferencia entre una verdad científico-categorial y una verdad filosófica, así como saber reconocer las conexiones dialécticas entre ambos modos de la Idea de Verdad. Lo importante es tener presente que cuando hablamos de la verdad de la Fenomenología estamos hablando en un contexto distinto que cuando hablamos de la verdad de las Matemáticas o de la verdad de la Física & 8211;sin perjuicio de que el primer contexto deba dársenos a través del segundo, o recíprocamente& 8211;. La verdad de la Fenomenología, es la verdad de una filosofía; la verdad de las Matemáticas, o la de la Física es la verdad propia de las ciencias categoriales. Desde nuestra propia perspectiva del materialismo gnoseológico & 8211;es decir, no necesariamente desde la propia perspectiva de Husserl& 8211; hacemos consistir a las verdades científicas en las identidades sintéticas resultantes de los procesos constructivos (operatorios) que se organizan según la forma del «cierre categorial» y cuyas unidades mínimas llamamos «teoremas». La verdad científico-categorial, suponemos, no descansa en los juicios (o en las proposiciones), sino en los teoremas. Y no entendemos por «teorema» una estructura reducible al plano lógico-proposicional (aquel plano en el que se configura el concepto de ciencia «hipotético-deductiva»), sino una estructura que incluye los procesos de construcción de objetos (términos) por medio de operaciones subjetivas, pero físicas (operaciones manuales, «quirúrgicas»), operaciones que, sin embargo, resultan ser eliminadas o «neutralizadas» en el momento del establecimiento de la identidad sintética, de la verdad científica. La verdad científica, según esto, aparece en el proceso mismo de construcción cerrada (en su acepción gnoseológica) y, por tanto, no requiere (internamente) la previa [8] destrucción polémica (el «corte epistemológico») de los conceptos ideológicos en los cuales, sin duda, va envuelta. Es el propio cierre del proceso constructivo que transcurre según un curso circular, de términos finitos concatenados, aquello que, eventualmente, recorta o segrega todo aquello que no resulta quedar anudado en el proceso constructivo. Podríamos decir que la polémica contra todo tipo de «envolturas» que establecen conexiones alternativas a aquéllas que resultan del cierre categorial, permanece en un plano oblicuo a aquél en el que tiene lugar el proceso circular del cierre categorial. Y no es éste el sentido de la verdad que puede serle aplicado a la Filosofía. Porque la Filosofía (suponemos) no es una ciencia. Es decir, la construcción filosófica no es categorialmente cerrada (en su acepción gnoseológica). Ahora bien: Si no mediara algún tipo de conexión interna entre los dos modos de la Idea de Verdad que venimos considerando & 8211;la verdad filosófica, la verdad científica& 8211; la unidad de esta Idea quedaría rota. Nosotros supondremos que la Verdad filosófica, aun cuando no tiene el sentido de una verdad científica categorial, mantiene una profunda analogía con ella. Ante todo, una «analogía de atribución», una contigüidad, que se nos revela en la misma medida en que suponemos que las verdades filosóficas no pueden mantenerse, por sus contenidos, ajenas a las verdades ofrecidas por las ciencias categoriales. Pero también una «analogía de proporcionalidad», por cuanto las verdades filosóficas, que suponemos siempre asociadas a procesos de argumentación, se nos ofrecen en el curso de un proceso sistemático que reproduce la «forma» de un cierre categorial, pero en su estado límite. Acaso podríamos expresar este límite diciendo que el «cierre» de una argumentación filosófica es in-finito; porque entonces estaríamos diciendo que no hay un cierre, aunque lo digamos desde la perspectiva del cierre. Y este cierre es in-finito en la medida que se construye con Ideas y no con conceptos. Ideas que, en los círculos de su symploké, en su progressus-regressus, si bien no encierran en su ámbito a todas las cosas, tampoco dejan fuera, con precisión, a una parte determinada de ellas. La verdad filosófica es verdad sistemática. Y es sistemática, no ya en el sentido metafísico («el sistema del mundo»), pero sí en el sentido lógico, un sentido que se aplica incluso a aquellas filosofías que niegan el sistematismo de la realidad y que creen ingenuamente remedar mejor este supuesto asistematismo ontológico por medio de las formas aforísticas. En cualquier caso, el circularismo propio del pensamiento filosófico sistemático no puede confundirse con la estructura de un cierre categorial. Y la diferencia no reside precisamente en la oposición que pueda existir entre un círculo intencionalmente total (es decir, un círculo que pretende encerrar en su recinto la ommitudo realitatis) y un círculo parcial, regional, categorial. La diferencia la pondríamos en la naturaleza interna misma de la construcción sistemático-filosófi EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
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  • Autor/a RICARDO SANCHEZORTIZ DE URBINA
  • ISBN13 9788485422517
  • ISBN10 8485422511
  • Pàgines 183
  • Any Edició 1984
  • Fecha de publicación 01/07/1984
  • Idioma Castellà
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La Fenomenolog¡ade la verdad: Husserl (Castellà)

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