La especie animal más dominante de la historia, el Homo sapiens, podría morir de éxito. El cerebro que nos llevó a la Luna nunca dejó de ser el mismo que movía a nuestros ancestros del Paleolítico, el que les mantenía en permanente alerta frente a depredadores y otros peligros mortales. Un cerebro tribalista, preparado, no para hacernos felices, sino eficaces, en un mundo en el que era cuestión de vida o muerte ver las cosas en blanco y negro: amigo/enemigo, predador/presa, lucha/huida, comestible/no comestible. Cuando el mundo cambió ?cuando lo cambiamos?, él ?nuestro cerebro? apenas lo hizo; siguió siendo impulsivo y pendenciero, dominado por las emociones y obstinado en crear antagonismos, y nos volvimos «La especie inadaptada». Ese desajuste se manifiesta en nuestros cuerpos, con enfermedades físicas y mentales propias del mundo moderno, y también en nuestros comportamientos. En concreto, nos ha hecho tribales, seres que aman a los suyos, pero que rechazan e incluso odian al extraño. Nuestro cerebro paleolítico no ve más allá de sus narices. José Montero Omenat escribe sobre todo esto y, en especial, sobre el tribalismo, causa de fondo por la que hemos cometido infamias en cualquier época y lugar, el motivo por el que aún las cometemos y, tal vez, la razón que nos impide actuar como colectivo único ante las amenazas que tenemos delante ?del cambio climático al desmoronamiento de la democracia, las desigualdades globales o la inteligencia artificial?, que requieren una unidad humana que no estamos preparados para forjar.
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