Entre 1938 y 1939 Gontran de Poncins viajó más allá de las tierras áridas, al norte del círculo polar ártico, hasta la isla del Rey Guillermo, donde en invierno, las temperaturas normales son de -50 ºC. Allí pasó quince meses viviendo entre los veinticinco inuits netsilik que la poblaban. Al principio, le horrorizó su estilo de vida, que consideraba primitivo: comían pescado crudo, se acostaban con las esposas de los demás, no tenían horarios y usaban sus posesiones sin permiso. Pero a medida que la odisea continúa, se transforma de kabluna, el hombre blanco, un forastero incomprensible y que no comprende, en inuk: un hombre. Este relato se ha convertido en el encuentro de dos formas de pensar, en una muestra de la paulatina evolución de la actitud europea, que culmina en la admiración por un pueblo tan diferente. Poncins revela que su aventura resultó ser mucho más que un simple viaje y describe la dolorosa pero fascinante iniciación en la vida, las costumbres, la mentalidad y la dura realidad del pueblo inuit, así como su visión del mundo
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