Daniela tenía 18 años cuando mató a un hombre de un disparo en la sien. Años después, cuando todo parecía olvidado, fue condenada a tres años y un día de prisión por homicidio imprudente.Víctor se gana la vida esperando. Sus clientes le pagan por hacer la cola de un concierto o de una firma de libros. Él no es un recadero, no se excede en sus labores.El día de su cuarenta cumpleaños los árboles lloraban hojas secas y su mujer, Daniela, ingresaba en una cárcel céntrica de Barcelona. Cuando alguien entra en prisión, todo el mundo se preocupa por cómo va a ser su vida allí dentro, pero muy pocos se plantean lo mucho que afecta a la persona que se queda fuera. Todo se paraliza y los planes se posponen.Esta es la historia de una espera. Una espera de tres años y un día.
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