Un árbol familiar que hunde sus raíces en el infierno. Un bosque de humanidad talado en beneficio de los más despiadados.U n viaje a la Guerra Civil y a la Segunda Guerra Mundial para conocer el expolio y el mercadeo cultural, mientras las personas mueren por millones. «Primero, llegaban a las casas a llevarse a las personas, después, entraban a robar los libros. Como si fuera necesario, también, exterminar la historia, la poesía, la belleza, que no quedara rastro de la memoria colectiva atesorada entre las guardas y los anaqueles, en los pasillos de las bibliotecas, en los estudios de las sinagogas, en los salones de lectura con sus paredes cubiertas de librerías ni en la quietud de las mesillas de noche de los dormitorios.Y de todo ello participaron mi padre, Manuel Arcos, don Horacio, las redes españolas de contrabando y los intereses nazis protegidos por la España franquista».
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