'En este feliz país nuestro hay medio millón más de mujeres que de hombres. [...] Tantas mujeres solteras para las que no existe posibilidad de una pareja. Los pesimistas las llaman vidas inútiles, perdidas y vanas. Ni que decir tiene que yo, como parte integrante de ese grupo no pienso así.' Estas palabras de Rhoda Nunn, la heroína de Mujeres sin pareja (1893), que trabaja para 'endurecer el corazón de las mujeres' y es un modelo de independencia para ellas, introducen acertadamente el problemático ambiente de esta novela, en la que el proyecto de emancipación feminista, en lo económico y en lo intelectual, se entrelaza con una ilustración profunda y acerada de los avatares del 'corazón' comprometido con estas causas.
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