Cuando la familia Robles-Cifuentes se trasladó a vivir a su nueva casa en el campo, nunca pensaron que no serían los únicos moradores de la vivienda. Pronto comprobaron que no estaban solos, aunque el más afectado y condicionado por esa presencia era Marco, el hijo del matrimonio. La mentalidad urbanita de los personajes hacía incomprensibles las situaciones que vivían. Poco a poco aceptaron la realidad y decidieron que irían y harían lo que fuera necesario para solucionar el "problema".
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