Thérèse es una joven solitaria e infeliz, huérfana, que jamás conoció a su padre. Su madre, una artista fracasada, quiso convertirla en una Shirley Teple y le puso el apelativo de Joyita. Luego, la abandonó siendo muy pequeña en manos de unas personas de su confianza y, según le explicaron estas a Thérèse, murió en Marruecos. El relato arranca quince años más tarde, un día cualquiera de finales de los cincuenta, a la hora punta, en la estación de Châtelet del metro de París. Thérèse se fija en una mujer mayor vestida con un abrigo amarillo. Tras observarla con detalle y percibiendo en ella un rictus de amargura, se convence de que es su madre, que en teoría está muerta. Decide seguirla y descubre dónde vive.