¿Por qué comemos a determinadas horas y no a otras? Entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la aristocracia de Londres y de París alteró de manera significativa los horarios de las comidas: introdujo un desayuno abundante a media mañana, retrasó el almuerzo hasta bien entrada la tarde y relegó la cena. Lo que podría parecer un simple cambio de costumbres acabó convirtiéndose en un eficaz marcador social. A lo largo del siglo XIX, estas prácticas se difundieron entre las clases medias y en otros países, mientras las élites seguían desplazando sus hábitos para preservar la distancia. A partir de este fenómeno poco estudiado, el presente ensayo propone una lectura original de la relación entre alimentación, sociedad y lenguaje, desde la Ilustración hasta nuestros días, y arroja nueva luz sobre cómo los hábitos cotidianos reflejan jerarquías y transformaciones culturales.
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