Por razones de miseria del conocimiento histórico, Francisco de Saavedra (1746-1819) es un gran desconocido de nuestra historia. Después de una sorprendente carrera en la administración y en América, que parece una novela de aventura, fue ministro de Hacienda y de Estado con Carlos IV. Su mayor significación política la alcanzó durante la guerra de la Independencia como presidente de la Junta Suprema de Sevilla, que hizo posible la victoria de Bailén. Fue la única personalidad de primer nivel de la política española que no fue víctima de ésta en una crisis tan desgarradora como la Guerra de la Independencia. Agustín de Argüelles escribió que era «uno de los más celebrados hombres de Estado de su tiempo». Por su parte, lord Holland dijo de él que era un hombre que gozaba «tanto en España como en el extranjero de gran reputación por su competencia e integridad». Ministro de Hacienda y de Estado sucesivamente de la Junta Central, en las circunstancias más dramáticas de la historia de España, fue elegido Regente «por la íntima convicción y experiencia que teníamos todos así de sus vastos conocimientos políticos, económicos y militares, como de su inalterable probidad y amor público», según el decir de Jovellanos. En aquella hora tan desesperada, éste lo proclamó como «el salvador de la Patria».
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